Entrevista de Gabriela Cabezón Cámara para Clarín

7 Nov

3 de noviembre de 2010

Josefina Ludmer: “El presente argentino se define como lo que vino después de los 70”

Mañana recibe el título de Profesor Honoris Causa de la UBA. En esta entrevista habla de literatura y política.

Por Gabriela Cabezón Cámara – gcabezon@clarin.com

La imaginación pública sería un trabajo social, anónimo y colectivo de construcción de realidad. Todos somos capaces de imaginar, todos somos creadores”, postula Josefina Ludmer en su último libro, Aquí América Latina (Eterna Cadencia), y se lanza a especular, analizar, interpretar, cuestionar y crear: a lo suyo desde hace casi cuarenta años.

Sigue haciendo crítica, pero le da una vuelta novedosa. Si bien, como se estila en todos los libros del género, pone su mirada sobre otros textos, en la primera parte de Aquí… Ludmer se fuga de las tradiciones de su género y se adentra en las de la autoficción: trabaja sobre su propio diario, sobre las impresiones de su “yo” de argentina recién llegada al país después de años de vivir en los EE.UU. Una subjetividad que arriba a ese borde del estallido que fue 2000 y registra acontecimientos masivos y también privados: todo eso que incluye en la “imaginación pública”, porque lo privado, aclara, está contenido en lo público y la ficción en la realidad. Y viceversa. Un ejemplo: “Los miércoles a la noche con Okupas en el canal público me instalo en la familiaridad, en casa, en cama, en plena experiencia afectiva de habitar y pertenecer en un ahora público”, relata en su libro para explicar el concepto de “intimopúblico” .

Lo que hace Ludmer es pensar y especular sobre lo que lee: sus propias opiniones de su diario de 2000, lo que decían sus amigos, series de televisión, obras de teatro, el fenómeno de la muerte del Potro Rodrigo, actos políticos, artículos periodísticos, el neoliberalismo, canciones de Los Redondos, películas, y, por supuesto y sobre todo, literatura.

¿Por qué tanta literatura?

“Porque es lo que aprendí a leer, pero si alguien quiere entrar por la pintura, la fotografía u otro lugar, que entre: la imaginación pública es todo lo que circula y se dice. La cuestión es poder extraer el jugo de lo que se lee” dice Ludmer diez años después de escribir su diario. Aunque ahora, confiesa, si “estuviera por entrar a la facultad no elegiría Letras, elegiría algo más de tipo perfomance, más de acuerdo a los tiempos. En mi época, Letras era más de señora: La Profesora”… Pero hoy no está por entrar a la facultad Ludmer, está por recibir el título de Profesor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires –mañana a las 19 en el rectorado de la UBA, Arenales 1371. Para la ocasión, dará una conferencia llamada “Lo que se viene” . Sobre literatura, claro: es su puerta para leer el mundo. Entremos.

-En Aquí… , establecés un sistema literario compuesto por escritores, escritores jóvenes y escritoras mujeres, ¿por qué?

Hay una sola literatura, de mujeres y hombres, pero la sociedad coloca la escritura femenina en un segundo plano, en el mismo lugar que se le da a los jóvenes, el de promesas: quedan ahí, en una especie de espera. Y no hablo de guerra de género, sino de inclusión en el centro. Fijate que no es así en la poesía y tal vez ni siquiera en el cuento; pero la novela queda como un coto masculino. Pero no está mal estar junto con los jóvenes. Es una zona que se mueve, porque el centro está congelado a veces, ¿no? Hablando de lo que se mueve, ¿qué cambió en la literatura argentina durante estos diez años? No veo cosas muy nuevas, al contrario, me parece que la literatura argentina es muy conservadora. Lo que estoy investigando ahora es “lo que viene después” –el tema de la conferencia de mañana- porque creo que el presente argentino se define como lo que vino después de los 70. La cultura sueña todo el tiempo esos años.

-Difícil refutar a Ludmer. Aunque ella insiste en no nombrar autores, una lista veloz debería incluir a algunos de los autores jóvenes más notorios de los últimos años: de modos bien diferentes, tanto Pola Oloixarac en su Las Teorías Salvajes , como Félix Bruzzone en 76 y Los Topos y Andrés Neuman con su El viajero del siglo le dan la razón. Los primeros reflexionan directamente sobre las consecuencias de los ’70 y el último indirectamente, contando la Europa de la Restauración, la de derrota de la revolución. No son sólo ellos: un vasto sector de la literatura argentina confirma su tesis, podríamos incluir en la lista también a consagrados como Ricardo Piglia, Alan Pauls y Martín Kohan.

-¿Seguís viendo a la familia como dominante en la ficción y la política argentinas?

Sí. El peso de la familia viene por el lado de la memoria, en un sentido amplio, tomando a las Madres, las Abuelas, los Hijos; la memoria se reformula de generación en generación. Incluso el gobierno fue un matrimonio hasta hace días. Pero la familia es un sujeto político muy conservador. Cuando hablábamos de revolución, el sujeto político era la clase.

-Escribiste que la velocidad del neoliberalismo es mucho mayor que la de la política y la hace estallar, ¿seguís viendo la misma relación entre mercado y política?

Posiblemente sea diferente pero no lo puedo ver todavía. Voy a comer a un restaurant de Palermo Hollywood y para mí son los ’90: el tipo de gente, el uso del diseño. En esa década entra un rayo de globalización, de homogeneización que quedó en la literatura y en la cultura. Me objetan que con el kirchnerismo, eso sería distinto. Yo no veo grandes cambios.

-¿No ves marcas nacionales en nuestra literatura?

Yo creo que lo argentino es exhibir un dominio de la cultura occidental que otros no tienen, algo que no se ve en ningún país de América Latina ni en España. Es así en desde Sarmiento, es así en Borges. Es una marca fuerte.

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